RETIRO EN LA NATURALEZA

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Del 14 al 16 de febrero. En el Parque Natural del Corredor  Montnegre

Os proponemos un espacio de trabajo personal apartado de las dinámicas cotidianas,
rodeado de naturaleza y de otras personas con las que compartiremos el mismo
propósito: Pararse en mitad del invierno para encontrarse con uno mismo y trabajar mis
asuntos, acompañados por la presencia de los árboles, el fuego, el silencio, las
propuestas de trabajo terapéutico, los compañeros de viaje y la casa.
Esta vez en Can Buc, en medio del Parque Natural del Corredor-Montnegre, con el mar
de fondo y el sostén de la tierra virgen. En una antigua casa familiar que han recuperado
Jordi y Roser Puigdefábregas con todo su amor. Algunas fotos y cómo llegar las
encontraréis en http://canbuc.blogspot.com.es. Ellos nos cuidarán para que nosotros
podamos dedicarnos a lo nuestro: hacer de este tiempo un momento de transformación
importante.
El objetivo es que cada uno pueda trabajar eso que le ocupa. Con el acompañamiento
pretendemos facilitar un contacto profundo con lo que está sucediendo así como
dinámicas que encaucen su transformación. Para eso venimos equipados con la actitud
Gestáltica, la presencia de la Meditación, la potencia de la Escenificación, los mapas del
Eneagrama, el Psicoanalisis y la Caracteriología Reichiana, las propuestas
desbloqueantes de la Bioenergética y la capacidad de integración corporal del Masaje.
Todo para ser utilizado en función de las necesidades de la personas y el grupo.
El retiro empieza el viernes 14 a las 18:00 y acaba el domingo 16 a las 16:00.
El coste económico son son 220 euros.
Si estás interesado o interesada en participar contacta con nosotros en
[email protected]
Un abrazo,
Lluís Fusté y Jose Luis Alcubierre

UNA MAÑANA PARA MIS MUERTOS

Una mañana para mis muertos 2jpgUna mañana para estar con la memoria y el sentir de los que ya no están. Una manera de convocarlos, recordarlos y nutrirnos de su memoria. Un alto en el camino para sentir la vida. Una dinámica grupal en la que tendremos oportunidad de recordarlos, hablar de ellos si queremos, escucharnos en nuestra pérdida y abrazarnos en nuestro presente.

Fecha: Viernes, 1 de Noviembre de 10:00 a 14:00.

Coordina Lluís Fusté

Donativo: 20 euros. (Recaudación íntegramente destinada a un proyecto para la identificación de las personas enterradas en fosas comunes durante la Guerra Civil).

DE LOS QUE VAMOS DE LLENOS

Musashi_on_the_back_of_a_whaleLos llenos siempre tenemos una respuesta para todo, hablamos de nuestros problemas una vez los hemos resuelto, somos alérgicos a la crítica, necesitamos rodearnos de los vacíos para sentirnos más llenos  y estamos sumamente contentos de habernos conocido.

Los llenos andamos loquitos por el espejito, los espejitos que nos dicen lo buenos, bonitos y caros que somos. Unos espejitos que nos confirman que sí, que hemos llegado, que lo conseguimos, que ya está, que pertenecemos a esa casta de semidioses que pululan por la tierra para suerte y gracia de los que van de vacíos y, en general, para el resto de los mortales.

Lleno es igual a superior, a dador, a extraordinario; a aquel que ha sido tocado por la completitud, mensajero de la plenitud, el que resolvió el misterio de la existencia… con nota… Esperamos ser recibidos con fanfarrias, con miradas de admiración que nos devuelvan nuestra divina condición de llenos. Y por allí andamos perdidos, ansiosos buscando nuestra droga en la mirada que nos devuelve el mundo. Y claro, donde está lleno no entra nada más, por tanto nos cuesta aprender, soltar nuestra estupidez, reconocerla y poderla manejar. La tragedia de los llenos es creer que hemos llegado cuando aún estamos sólo a medio camino.

A los llenos se nos ve a leguas por los aspavientos que hacemos para ser vistos, porque cuando acabas de contactar con nosotros notarás ese regusto entre admiración y envidia, porque te olvidarás rápidamente de nosotros, porque en un  momento chocarás con la estatua que llevamos dentro y te harás daño, . Y sí, estamos hechos de cartón y de piedra. Cartón que sólo se ablanda con lágrimas y de piedra que sólo responde bien a la paciencia.

De esa manera particular de vivir, que es ponerse zombi con uno mismo, la soledad íntima es el peor castigo para nosotros. La soledad íntima, porque llenamos plazas para nuestras actuaciones, pero en el camerino, en el que nos desmaquillamos, no entra nadie. Y sólo allí estamos nosotros y sólo allí se puede abrir la brecha con la soledad.

Nuestro gran trabajo es sentirnos normales, entender que dar vale lo mismo que recibir, y poder sentir algo del vacío, la tristeza, la duda, la falta, el descontrol, la locura que tanto abunda y que tan bien sienta abrazar cuando se nos sienta en la mesa.

Poco sabemos de lo bien que sienta el milagro de la carne, del sudor y lágrimas, del abrirse paso por el bosque de la vida con la espontaneidad de un niño. Del gusto que da no saber, arrodillarse, pedir desde el corazón sin saber si me será dado, preguntar jugándose la vida o guiarse por los sentires del cuerpo.

Si ves a uno por la calle, apártate: somos bombas de relojería apunto de estallar. Tanta mentira no la aguanta nadie. Y la vida tiene la mala costumbre de ponernos en nuestro sitio. Y cuando nos veas caer se te romperá el corazón. Por un lado te dará gusto ver como se desmorona tamaño despropósito y, por el otro, te estremecerá el llanto del que nunca fue nada. Y con suerte, de entre las llamas, aparecerá una personita de tamaño normal que con lágrimas en los ojos te dará las gracias.  Y ahora sí, como todos, verás que lleva un dragón en el hombro. La señal que da la vida a los que caminan con ella.

Barcelona, Abril 2013

Tres cuentos

Un hombre se encontró a una mujer amada y a un niño abandonado, a un Dios sin pueblo que lo siguiera, a otro hombre perdido y a una madre insaciable que buscaba al torero que amó… y a una niña enfadada con su vestido… y a un viejo que pedía a gritos un vaso de agua. Una vez estuvieron todos, el hombre respiro profundamente y dijo: «Ya estoy aquí. Ya estoy preparado. Abre las puertas.»

No hacía frío cuando el viejo levantó la mirada y dijo: «Hay que lamentarse de la caída del Paraíso como el que ha perdido a un hijo. Como para poder hacer algo. Como manera de caminar el duelo que supone el crecer. Si no muere esa manera de estar en el mundo, no vendrá otra a sustituirla. Y hay dolor y sufrimiento y nos rodea, a veces nos ahoga. Y hay que clamar a Dios para que vuelva a estar con, en nosotros; para notar por un momento ese sentido, esa completitud. Pero para eso hay que empezar a buscar la llave en el lugar correcto. Y habrá que soltar las viejas ropas para poderse poner las nuevas. ¿Y si no vienen? ¿Y si las nuevas me hacen sufrir más? Confía. Si tú te ordenas, la cosa se ordena. Limpia tu casa para que pueda venir a visitarte la gracia.» La mujer que lo escuchaba siguió con sus tareas. Un niño pasó sin detenerse.

Me miró y me volvió a decir: «Mírame. Necesito que me mires, deseo que me mires. Mírame bien. Mírame como yo no me puedo mirar. Dame un sitio con tu mirada. Un buen sitio con tu mirada. Cuando me miras ya no tengo frío. Y por eso sólo te puedo odiar. No se puede amar algo que se necesita tanto. Vuélveme a mirar. Hasta que me duerma… en tu mirada.» Después cerró los ojos y dejó de mirarme. Respiró profundamente y, por primera vez, se sonrió.

P.D. Un mensaje escrito en un espejo del lavabo de la facultad de Bellas Artes de la Universidad de Manaos: «Y tú, ¿para quién trabajas? ¿Para quién te vistes? ¿Para quién escogiste tu pareja? ¿Para quién escoges tus palabras? ¿Para quién escoges tus vacaciones? No hay mejor manera de conocer al esclavo que conocer a su amo».

Lluís Fusté Coetzee (Abril 2012)

La tristeza

Ya vuelves a estar aquí. Sin avisar. Me vuelves a pillar a medio vestir y sin saber qué hacer contigo. Estoy cansado de ahuyentarte con mis jueguitos de malabarista.

Te veo y lo primero que pienso es qué voy a hacer esta vez. Se me acaban los recursos, se me acaban las trampas. Y me vuelvo a preguntar qué habré hecho yo para merecer esto. Y se me desatan los perros. Al cabo de un rato estoy peor.

Lo he probado todo: darte la espalda, gritarte para que te vayas, tirarte piedras, hacerme el loco, hacerme el sueco. Y sigues allí. Quieta. Mirándome con ojos de niño perdido. Como pidiendo algo que no sé que es.

Y hoy he decidido pararme, invitarte a tomar un té conmigo. Hoy me puesto a escucharte. De verdad. Sin intentar tapar tus dolores, ni darte buenas razones para ser feliz, sólo abrazarte. Y lamentarnos juntos de lo que perdimos, de lo que nos duele, de lo que nos cuesta. Sabiendo que ahora es así. Y que aunque cueste creerlo está bien así.

Lluís Fusté Coetzee

¿En grupo?

El grupo me aparece como lugar temido, lugar de linchamiento, de juicio final, de éxtasis,  de descontrol, de desprotección, de puerto,…  Estar en el mundo es estar en relación a un grupo humano. Nací  en relación a un grupo, moriré en relación a un grupo. Posiblemente uno de los aspectos que me generó más marcaje ambiental está relacionado con mi posición en mi grupo inicial: ¿Fuimos víctimas o verdugos? ¿Fuimos la niña de los ojos de papá o la niña sin los ojos de papá? ¿Fuimos el líder de la banda o fuimos el poder en la sombra?… Habitualmente, tres o cuatro posiciones han sido las más visitadas por nosotros en ese proceso de especialización que es el desarrollarse. Y, aunque han pasado muchos años, cuando jugamos a pertenecer a un grupo nos ponemos las antiguas máscaras, sean o no sean las más eficientes para este momento. Y repetimos  nuestra pequeña tragedia personal.

Según nuestro carácter, el contacto y la relación con el grupo estarán mediatizados por la huida, por la fusión, por la seducción, por la dominación, por la sumisión,…  A mí me da por la armonización y la seducción como formación reactiva ante unos fuertes impulsos de aniquilación del otro y el gran premio del amor de la autoridad… Cada uno con lo suyo. Lo mío viene de lejos ya que mi reinado en la tierra duró cuatro días hasta que nació mi hermano pequeño, y mi hermana, y mí otro hermano… En nada me tocó compartir el paraíso. Y ya sabemos que en el paraíso no hay para todos… Así que había que organizarse;  cada uno se especializó para poner tener su trocito de paraíso. Yo me puse de capitán. Un capitán a veces a lo Juana de Arco, otras a lo Calígula, otras a lo Miguel Strogoff, otras a lo Dionisio,… Siempre buscando conscientemente ese óptimo de Pareto e inconscientemente (que suena mejor) la venganza por tener que compartir ese paraíso.

Gracias a la metodología de la formación en Gestalt  y a la formación del SAT, en las que se utiliza el grupo como vehículo principal para la adquisición vivencial de los conocimientos impartidos,  pude trabajar en profundidad mi posición preferida y adquirir otras posibilidades. Todo ello gracias a las múltiples miradas y relaciones establecidas dentro de un ámbito en el que las reglas del juego son diferentes. Todos andábamos aprendiendo y sabíamos que ése era un espacio para la experimentación. Y claro, cuando uno no sabe hacer de soldado, es habitual que le cueste hacer de soldado.  Y está claro que a uno también le va bien que le digan a la cara que se está poniendo Calígula o Ulises… aunque no siente bien. Y va de maravilla, cuando detrás de todo eso, puede  aparecer uno que no quiere capitanear nada y, si el barco se tiene que hundir, que se hunda.

Y pregunté: ¿por qué me ha funcionado a mí trabajar en grupo? Y el farmacéutico me contestó: “porque el juego simbólico, la experiencia vicaria y el modelaje son tres de las herramientas básicas para el desarrollo humano”. En cristiano, jugar a polis y a cacos, ver cómo lo hacen los otros e intentar hacerlo nosotros bajo la mirada del otro ha sido un mecanismo de transmisión de sabiduría de nuestra especie. El grupo permite poner en acción la dificultad para el contacto con uno mismo y con el otro, la responsabilidad en la economía de la relación y la manera de desaparecer o aparecer en ella. Además abre un campo de experimentación previo a la puesta en práctica de tareas en las relaciones con otros significativos.

Ese desplegarme con espejos, con modelos, con muñecos de trapo, con otros corazones, con otras miradas, con otros cuerpos me ha permitido dar gasolina a mi proceso de desarrollo.  ¿En grupo? Sí, en grupo.

Lluís Fusté Coetzee (Abril 2010)