Eso de ser terapeuta.....
Eso de ser terapeuta me está llevando en la actualidad a plantearme el tema de la importancia y de lo necesario, que es el propio trabajo personal de aquel que está acompañando a otro.
El trabajo personal como la base en la que uno es capaz de sostenerse mientras está frente al paciente. Esa base que le viene dada por haber ocupado o seguir ocupando el mismo lugar que éste; es decir, el de alguien que siente la fragilidad y la vergüenza de desnudarse ante la mirada de quien, a su vez, se ha dejado ver por otro.
Voy a utilizar la imagen del cojín que, además de ser un símbolo gestáltico, me parece una buena metáfora, en este caso, para referirme a esa base, a ese espacio interno que el terapeuta ha ido conquistando a lo largo de su propio proceso de autoconocimiento.
Particularmente, sentarme y asentarme en ese cojín me está dando ese mayor espacio interno y, por lo tanto, bastante menos presión cuando me coloco frente a la persona que viene a terapia, además de que me permite alejarme (que no siempre) de la ansiedad de "tener que hacer algo", pudiendo así no estar tan "agarrada" a la caja de herramientas gestálticas, ni pretendiendo sacar de ella la mejor, la más creativa y la más adecuada (por supuesto!), para evitar salir corriendo empujada por la angustia y la vergüenza de notar mis límites. Entiendo como límites en este caso, las inseguridades, los “no sé”, los “eso me está tocando”, las resistencias, las interferencias del propio carácter, etc.
Que la persona que ejerce de terapeuta los conozca y se deje estar con ellos en la sesión, mostrándolos o no, pero presentes sobre todo para sí mismo, me parece fundamental para que pueda estar más seguro y más blando frente al paciente, ofreciéndole a éste el espejo en el que poder mirarse, dándole el permiso para que pueda ir haciendo lo mismo (cómo los niños que aprenden por imitación, sin que explícitamente se les muestre cómo hacer).
Vemos así, que el terapeuta necesita un cojín donde poder aflojarse y ese cojín es fruto de un largo camino de trabajo personal, de años de terapia generalmente, y de supervisión; es decir, de conciencia de sí mismo. Como decía una terapeuta con la que trabajé hace unos días: " el terapeuta, para poder ir elaborando, actualizándose y saneándose de algún modo tiene que "supervisar, supervisar, y supervisar" y no olvidarse nunca de su propio proceso de autoconocimiento".
En fin, que una de las tareas más importantes del terapeuta, o la más, es ir acompañando a la otra persona a ese lugar interno para que pueda ir sosteniendo su propia realidad, su propia fragilidad, y así vaya tejiendo su propio cojín (lo que denominamos en gestalt el auto-apoyo); y eso sólo es posible si el paciente se deja acompañar por aquel que ya viene tejiendo el suyo, como si de un mosaico se tratara, añadiéndole matices nuevos y ampliándolo, en la medida que sigue ocupándose de sí mismo.
Y para ir acabando, considero que el asunto tiene que ver principalmente con que el terapeuta se deje ser frente al paciente, en la medida que se deja ser frente a sí mismo. Ser en cuanto a asentarse en aquello que es, sin pretender que sea diferente, ni tener que reaccionar ante la intolerancia de lo que siente mientras acompaña al otro, porque es una fantasía creer que al terapeuta no le pasan cosas mientras acompaña al paciente. Es decir, que pueda estar por y para el otro, pudiendo estar a su vez con aquello que le está pasando a él. Esa conciencia de sus propios límites, produce un eco en la persona que viene a terapia, quién va aprendiendo, si se deja, que ese poder estar con lo que siente es posible y bastante más relajado que pretender cambiarse a uno mismo, algo que casi siempre lo da el tiempo, el deseo de conocerse y de ser "paciente", y esto va por y para los dos.
Alba Yagüe (2008)
|