La tristeza
Ya vuelves a estar aquí. Sin avisar. Me vuelves a pillar a medio vestir y sin saber qué hacer contigo. Estoy cansado de ahuyentarte con mis jueguitos de malabarista.
Te veo y lo primero que pienso es qué voy a hacer esta vez. Se me acaban los recursos, se me acaban las trampas. Y me vuelvo a preguntar qué habré hecho yo para merecer esto. Y se me desatan los perros. Al cabo de un rato estoy peor.
Lo he probado todo: darte la espalda, gritarte para que te vayas, tirarte piedras, hacerme el loco, hacerme el sueco. Y sigues allí. Quieta. Mirándome con ojos de niño perdido. Como pidiendo algo que no sé que es.
Y hoy he decidido pararme, invitarte a tomar un té conmigo. Hoy me puesto a escucharte. De verdad. Sin intentar tapar tus dolores, ni darte buenas razones para ser feliz, sólo abrazarte. Y lamentarnos juntos de lo que perdimos, de lo que nos duele, de lo que nos cuesta. Sabiendo que ahora es así. Y que aunque cueste creerlo está bien así.
Lluís Fusté Coetzee
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