III JORNADA AULA GESTALT

Charla introductoria a la III Jornada de Aula Gestalt 1/2/14
Cristina Nadal

APRENDER ES DESCUBRIR

En Gestalt, aprender (lo que sea: a relacionarse, a vivir mejor, a dejar de hacer algo molesto…) es descubrir a través de concienciar y asumir la propia experiencia, dejándose sorprender por la misma

Nos situamos dentro de las psicoterapias humanistas, que tienen en cuenta al ser humano en su globalidad. Atendemos los diferentes niveles de la persona: corporal, emocional, mental y espiritual (éste en función del propio desarrollo del terapeuta) y que trabajamos para la integración de los mismos.

En Gestalt, entendemos al ser humano como un organismo en contacto constante con el entorno . Como todo organismo, necesitamos mantener nuestra homeostasis, en un entorno variable, sin embargo, no estamos regulados instintivamente, o al menos no tanto como el resto de animales. Somos dependientes durante más tiempo y necesitamos aprender para sobrevivir y madurar. Durante esta etapa de la niñez, nuestros progenitores o los que hagan esta función, son los que nos van a transmitir cómo son las cosas y lo que es bueno pensar, sentir y hacer. Y no sólo eso, puesto que a veces nos dicen algo y hacen otra cosa; ahí se complejiza.
En general, esta forma de educación, pasa no tanto por acompañar al niño y a la niña a descubrir el mundo y a sí misma/o, sino por decirle lo que tiene que hacer y aprehender. Ahí, en este inicio, se crean los introyectos, que son las normas e ideas no contrastadas  y no ajustadas a cada quien que no tenemos otra posibilidad que tragárnoslas, dado que no tenemos la posibilidad de contrastarlas. Aunque protestemos, nos los tragamos sobre todo porque necesitamos ser queridos, aún si lo conseguimos a través de la pelea, de la rebeldía. En la adolescencia nos despojamos de algunos de ellos pero en gran medida acogemos otros del grupo al que pertenecemos y de los líderes que admiramos.
Estos primeros años de vida y la relación establecida con nuestros progenitores y enseñantes, junto con nuestro temperamento y los avatares de nuestra gestación, ayudan a conformar nuestro carácter.
Éste, está basado en ideas locas, que creemos que son ciertas “yo nunca lo conseguiré”… “lo mejor es saber lo que quiere el otro”… “si se puede, se tiene que hacer perfecto”…”en este mundo no hay lugar para los débiles” o incluso alguna que puede parecer tan buena como “aquí se viene a ser feliz” y que presiona fuerte. En ellas se sustentan actitudes y modos de relacionarnos repetitivos, estructuradas por los mecanismos defensivos que originariamente nos sirvieron para manejarnos con las situaciones conflictivas, traumatizantes y dolorosas; pero que ahora están obsoletas.
Ya somos mayores pero seguimos actuando con las mismas pautas de comportamiento rígidas, que nos facilitan mantener un status quo. Éste, tiene una vertiente confortable y segurizante (necesaria pero sólo en cierto nivel) y otra alienadora de nosotros y nosotras mismos/as. Esta alienación es la distancia entre lo que somos y lo que sentimos, pensamos y hacemos. Ello provoca mal estar y sintomatología, que es lo que puede hacernos pedir ayuda. A mayor desconexión interna, mayor es el grado de malestar y sintomatología (ello es muy gráfico en la tan frecuente ansiedad generalizada en nuestros días). La realidad es cambiante, es nuestro nivel neurótico el que nos hace hacer lo mismo y percibirlo igual. Una cosa es la autorregulación organísmica, es decir, abrirnos a identificar lo que experimentamos para orientarnos adecuadamente en nuestra realidad y otra mantenernos el mismo lugar para sentirnos seguros y evitarnos el miedo de ir descubriendo quiénes somos y encarar lo que necesitamos afrontar.

Nuestra propuesta de aprendizaje es descubrir quienes vamos siendo (dado que somos un proceso), asumiéndolo, para manejarnos más satisfactoriamente en la realidad y seguir aprendiendo de ella. El aprendizaje no es algo que viene de afuera sino de adentro .

Tal como podemos deducir, nuestra propuesta de aprendizaje, resuena tanto con la Ironía como con la mayéutica socráticas. Sócrates, cuya madre era partera, entendía el saber como dar a luz un nuevo conocimiento, supone la idea de que la verdad está oculta en el interior de uno mismo. La Ironía, supone que el saber no está en lo que se piensa, que son prejuicios .

Nuestra tarea no es saber qué tiene que hacer o pensar el paciente o el participante de un grupo, nuestra tarea es acompañarle a identificar qué experimenta y hacerse cargo de ello a través de una herramienta básica que es lo que llamamos continuum atencional: Identificar momento a momento aquello que siente, nota, percibe (externa o internamente), se le cruza por la mente… Así, enfocando el presente, van a ir emergiendo experiencias que amplían su registro sensorial, emocional y cognitivo. Ahí facilitaremos que la persona pueda saborearlo, expandirse en ello, aprehenderlo, apropiárselo.
También aquello del pasado que sigue pendiente de afrontar o resolver, aparecerá como situación pendiente, que requiere atención, y la seguiremos con la misma metodología, acompañando a la persona a abrir eso que quiso mantener alejado para no sufrir o por miedo a hundirse o desesperarse, a través de su propia experiencia. Será la propia persona que recorrerá el camino y que irá encontrando qué hacer con ello. Básicamente, mediante al expresión de vomitar lo tragado, expresar lo no dicho y asumir lo que fue, transitando la pena, la rabia, el dolor o la alegría y placer contenidos. Nuestra intervención tiene la finalidad de facilitarle mantenerse en contacto, hasta donde la persona pueda y quiera en cada momento.

También proponemos desaprender las pautas rígidas de comportamiento como modo de aprender y madurar.
Proponemos desaprender las pautas rígidas y no operativas, básicamente a través de darnos cuenta de las mismas y de tomar el toro por los cuernos. Identificarlas es el primer paso ya transformador en si mismo, sobre todo porqué como vais viendo, en Gestalt, nos damos cuenta mayoritariamente a través de atender la experiencia y valorar su registro sensorial y emocional. Así, los insights dados en esta situación, comportan modificaciones internas significativas. De todos modos, sabemos que en algún momento tendremos que disponernos a frenarnos activamente la repetición automática: primero identificándola, luego explorando una y otra vez, qué sucede si no la repetimos, si la paramos. Para ello, necesitamos ser pacientes, que no es igual que indulgentes e ir reconociendo el goce que obteneos con ello, sincerándonos internamente.

Entonces, siguiendo con el lema de las jornadas, os pido que evoquéis la entrega abierta que de bebés tenemos los humanos cuando nos interesa alguna cosa. Se entregan a ello, son pacientes, cuando están calmados/as, y podemos imaginar que disfrutan explorando lo que tienen entre manos. Esa actitud es la que hemos perdido en buena parte, Es la capacidad de sorprendernos. Vamos de que “ya sabemos” o de que “no podemos saber” o “no vamos a ser tan cándidos como para abrirnos así… como si fuéramos tontos/as!” Qué pena haberlo perdido, la buena noticia es que podemos recuperar parte importante de esta actitud, de hecho seguramente en algún área de nuestra vida la conservamos (frente al arte, si no vamos de enterados o estrechos, en la naturaleza…) Proponemos acercarnos a ese interés limpio e ingenuo también en relación a nosotros/as mismos/as y a las personas circundantes.

Claro que no siempre podemos estar en contacto, necesitamos retirarnos para asimilar, la trasformación y enriquecimiento que supone el contacto es fructífero si podemos ir y venir de afuera a dentro. Para aprender, necesitamos asimilar.

La apertura enriquecedora se da cuando nos permitimos ser auténticos, nada fácil, porque requiere cierto grado de autoaceptación. Muchas veces, la aceptación surge al poder mostrármelo y mostrarlo fuera. En estos ámbitos de crecimiento y terapéuticos, la autenticidad es la base para aprender de nosotros y por ende, también de los demás.

P.D. Lo que no dije, pero tenía anotado y puede enriqucer lo anterior:
Perls habló, en un inicio, antes de ponerle el nombre de Terapia Gestalt, terapia de concentración. Por ejemplo, frente a un dolor de cabeza, si dejamos que esté, le abrimos espacio y nos acercamos a él, podemos identificar cómo lo estamos manteniendo; y si seguimos, (sin enjuiciarlo) igual nos viene una escena en la que nos hemos tensado. Y si respiramos eso que estamos notando igual identificamos algo significativo que nos hemos tragado en una situación actual o un asunto infantil que tal como ya hemos visto seguiremos a través de la experiencia actual al evocarlo y revivirlo.

Cristina Nadal

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