Narcisismo necesario – Narcisismo patológico

Artículo publicado en el Boletín nº24 de la Asociación Española de Terapia Gestalt. (2004)

INTRODUCCIÓN

El origen de mi interés por el narcisismo tiene una doble vertiente: por un lado mi proceso terapéutico como paciente y por otro mi quehacer como psicoterapeuta. A nivel personal, descubrir mi narcisismo y mi pretensión fue muy significativo y necesario en mi proceso de cura. Fue decisivo, por ejemplo, para activar la posibilidad de hacerme cargo de mis deseos concretos. Mi identificación con un carácter(2) que conlleva una imagen bastante degradada de misma me permitió seguir alejada del reconocimiento de mi narcisismo. Parecería, a primera vista, que lo que yo necesitaba era, en todo caso, una renarcisización; sin embargo, ello no resultaba dado que los feed-bakcs que yo recibía en este sentido es como si cayesen en saco roto, me ocupaba de que no fueran efectivos.

Por otra parte, como terapeuta, me encontraba con pacientes en quienes la identificación y profundización en sus mecanismos defensivos e incluso el reconocimiento de necesidades y deseos antes obviados, no comportaban los cambios y la mejoría que yo estaba acostumbrada a observar. Algo estaba haciendo “patinar” el trabajo. Al supervisarlos iba apareciendo cada vez de forma más clara la posibilidad de observar su manejo narcisista. La defensa férrea de su imagen idealizada estaba en el fondo del estancamiento de su proceso terapéutico. Unas veces era preservada mediante el amor propio, la inmovilidad y la dificultad de intimar conmigo y con los demás. Otras veces, era conservada intacta en la fantasía a través de seguir atrincherándose en la mala imagen.

Me interesó y me sigue interesando del psicoanálisis, además de su saber sobre clínica, su concepción del nacimiento del yo a través de la identificación con una imagen especular mediatizada por la mirada y el deseo de la madre o de quién ejerce la función materna. Ese narcisismo constitutivo de la psique, y por lo tanto necesario, que en su prevalencia impide la maduración tanto en su vertiente “Soy super guai” como en la versión “Soy siempre un desastre”. Prevalencia que, si es masiva y persistente, origina el llamado Trastorno Narcisista de la Personalidad (TNP), cada vez más frecuente en nuestras consultas. Aunque no solemos encontrar TNPs demasiado puros puesto que, en general, ellos no piden terapia (los que la necesitan son los que están a su alrededor), sí podemos detectar y poner de relieve trastornos narcisistas en la base de otras patologías.

Termino esta introducción citando, por parecerme muy gráfica, la forma en que Havelock Ellis en el año 1898 se refiere al narcisismo, por primera vez dentro de la clínica, como “una tendencia por estar enteramente absorto en la admiración de sí mismo”(3).

EL MITO DE NARCISO
Como sabemos, el narcisismo, entendido como la acción de tomar la imagen de uno mismo como objeto de amor, es descrito por el mito de Narciso. Éste, siendo muy hermoso y deseado por muchos jóvenes y ninfas, no se dejó seducir ni tocar por ninguno, alejándose con mucha soberbia de todos ellos. Ovidio, cuenta como Eco fue invitada seductoramente por Narciso y después violentamente rechazada. Ella cayó en una profunda melancolía, la cual también está relacionada con el TNP. “Las doncellas y los mancebos” rechazados “invocaron a Némesis, la Diosa de la venganza, exclamando “(…) que llegue a amar de este modo que jamás goce de ser amado.”(4).

Así es, sigue contando Ovidio, como quedó prendado de su propia imagen reflejada “en un cristalino manantial”: “al desear calmar su sed, creció en él otra sed; sorprendido por la belleza de la imagen que contempla, ama una esperanza sin cuerpo.”(5). Cuando descubre que el ser al que ama es el reflejo de sí mismo, desea separarse de su cuerpo al que golpea. Se muere contemplando su imagen. Se convierte su cuerpo en flor, en la flor de Narciso.

El mito alude a varios aspectos del TNP de los cuales destaco:

  • El desprecio por el contacto con los demás.
  • El “Amor a una imagen especular que se confunde trágicamente con un sujeto real.”(6).
  • La Ausencia de padre, la madre es violada, no hay padre u otro a quién ella desee.
  • Y la fijación maternal del sujeto: la madre es la ninfa agua, en la que él se ve reflejado.

LA INFLUENCIA DE LA SOCIEDAD ACTUAL

En realidad hace muy pocos años que se reconoce que el sujeto tiene valor como individuo y no sólo lo gozan los aristócratas o los reyes y los señores feudales(7). Además, el valor del individuo como tal y único se halla sólo parcialmente incorporado en la sociedad occidental. Rusia, por ejemplo, demostró carecer del mismo al no haber preparado el antídoto de los gases que usaron para matar a los secuestradores del Teatro Nacional. La guerra o la xenofobia hacen patente que Occidente tampoco lo tiene asumido. Evidentemente el poder y el dinero, actualmente máxima expresión de aquél, pasan muy por encima del valor de la vida de los humanos y de la vida en sí.

Aún así, el mito de la sociedad occidental, influido por los EEUU es el del individualismo y el éxito. Ronalt Reagan es un representante de este mito por provenir de una familia en la que en su infancia pasaron por estrecheces económicas. El héroe actual es el que triunfa, no el que aporta algo a la comunidad. Triunfa quién consigue aumentar el estatus social, enriquecerse y adquirir todo tipo de comodidades y lujos, aunque para ello uno/a tenga que desarrollar un alto nivel de adicción al trabajo. Ya sabemos que la ecuación resultante, tal como señalaba Rollo May, es soy lo que tengo. La psicología humanista nació, entre otras cuestiones, precisamente por la necesidad del sujeto de acercarse a su ser para recuperar la salud y prevenir la enfermedad.

Otro elemento a destacar es el aumento considerable y progresivo de desarraigo. A él contribuyen varios factores, entre los cuales están: la desaparición de la oportunidad de crecer en una familia amplia que aportaba la transmisión de orientación y sabiduría, tarea que en demasiadas ocasiones es delegada a la escuela; el sabido aumento de contratos temporales; la pérdida del sentido del casamiento como un compromiso de permanencia, que si bien en muchos casos es una excelente oportunidad de rehacer la vida, en otros priva de madurar a través del aprendizaje que supone el compromiso… .

Tenemos muchas más oportunidades de adquisición y de información que nunca, mucho está al alcance de nuestra mano. Con el desarrollo de los avances médicos y tecnológicos es fácil fantasear que podemos tener a la naturaleza bajo control, aunque mientras tanto vayamos contribuyendo al deterioro de la vida en el planeta. Hemos cambiado valores como la renuncia, el respeto, la honestidad, la paciencia… pertenecientes a los valores totalitarios de antaño, por la ambición, la moda, las adicciones y el ocio excitante que nos sirva para desconectar del estrés provocado por la orientación del tener que seguir y seguir consiguiendo. Consiguiendo, de forma trepidante, un bienestar individual y como mucho para los nuestros. Los niños, por ejemplo, están llenos de actividades extraescolares para que estén bien preparados para el futuro. Tienen que ser los mejores para ser competentes. Además, en general nos es difícil frustrarles y muchas veces fallamos al no ponerles o no mantener límites que son necesarios para su desarrollo.

La revolución frente a aquellos valores totalitarios, que por supuesto no tenían en cuenta muchas de las necesidades y posibilidades individuales, ha sido engullida por el alza de otros valores menos sólidos y más estresantes. Los cuales, nos alejan igualmente, o más, de nuestra condición de seres humanos, en definitiva, de nuestro ser. La búsqueda genuina de libertad de dicha revolución requería el ejercicio de la responsabilidad por las propias opciones. Responsabilidad, que desde la Gestalt sabemos que no es posible sin hacernos cargo de nuestra experiencia interna y del entorno que contribuimos a crear. Seguimos guiados por estereotipos externos, ahora mucho más banales y menos solidarios que van agrandando nuestro desarraigo y nuestra angustia existencial.

Los aspectos mencionados facilitan la pérdida de sentido y de significado de la vida, el aumento del desasosiego, la insatisfacción y la depresión, todos ellos, factores presentes en el TNP.

A ello podemos contribuir con los tratamientos psicológicos cuando primamos la afición por mirarse el ombligo y prometemos el éxito y la completad en lugar de facilitar asumir las grietas necesarias de la autoimagen ideal.
EL NARCISISMO COMO ETAPA DEL DESARROLLO PSÍQUICO

Devenimos sujetos psíquicos, con capacidad para diferenciarnos y madurar, a través de un largo proceso que transcurre mediante la sucesión de diferentes etapas.

Dentro de la teoría psicoanalítica se entiende el narcisismo como una fase temprana del desarrollo psíquico, en la que se inicia la autoimagen y donde prima el pensamiento omnipotente infantil. Es una fase del desarrollo, necesaria para la constitución psíquica y previa al conflicto edípico, que supone la base para conseguir una autoreferencia estable, la cual es imprescindible para el desarrollo de la capacidad de vincularse a los otros, de amarse uno a sí mismo y a los demás.

Lacan aporta el “estadio del espejo”, como el momento donde el niño se reconoce en la imagen de sí que ve en el espejo bajo la mirada aprobadora de la madre. La identificación con dicha imagen le facilita la fantasía de ser unificado. Acordémonos que narciso se queda prendado de su reflejo, de su imagen. Los ciegos también lo consiguen gracias a la identificación con el otro que es percibido como una unidad.

Hablaré de fases que se pueden diferenciar desde la perspectiva estructuralista lacaniana, por parecerme clarificadoras para entender el narcisismo desde la óptica de las posiciones que ocupamos en relación al otro(8).

1- El bebé, en una primera fase, vive fusionado con la madre, en un estado de aparente completud. Es el máximo goce. En general, el bebé es deseado sólo por el hecho de ser el hijo. “Dicho en términos lacanianos es el falo de la madre. Es lo que la madre desea y la madre lo es todo para él, es el Otro en mayúsculas. Es la madre fálica.” Este es un 1er. tiempo de “o todo o nada” psicótico. La posición es totalmente confusional, sin la autointegración suficiente para proseguir con el proceso de individuación. Bleichmar(9), introduce un segundo momento que es el inicio incompleto de la función evaluadora de sí mismo. Aunque para el bebé aún existe sólo él y el otro, este otro puede desearlo o rechazarlo en función de condiciones. Aparece el deseo de ser deseado de forma incondicional, vivido en el primer momento.

2- “En una segunda fase aparece el padre u otro que ejerza su función: la de romper la fusión con la madre. Aparece por que la madre le mira, le desea, lo cual significa que la madre no está completa ni la completa el bebé. Implica la castración de la madre.” El padre salva al hijo de la fusión (psicotizante) con la madre lo cual le posibilita que pueda devenir sujeto. “Hasta el momento el bebé sólo era objeto de deseo, no sujeto de deseo. El padre es liberador y dador de vida psíquica.” Es dador de la posibilidad de desear más allá de quedarse atrapado en el goce fusional y en la fantasía escindida de la realidad sea de color rosa o de color negro. “Aquí el padre es aún omnipotente y por lo tanto también aterrorizante.” Este 2º tiempo presenta la “figura del tercero excluido y posibilita la dialéctica del preferido y el relegado“. Su dinámica puede expresarse como “o yo o el otro”. El bebé o el sujeto anclado en este tiempo (en cierto modo, todos nosotros) permanece deseoso de volver al primer tiempo donde uno se vivía fantasiosamente completo, único.“Es el tiempo del narcisismo, es la búsqueda de la primera experiencia de completud, donde está instalada nuestra sociedad actual.”. Según Bleichmar, el pensamiento narcisista es totalizante, no permite graduaciones ni la función de discriminar entre diferentes características.

3- En una tercera fase el padre también ha de revelarse como castrado, no es Dios ni es omnipotente. “No es el falo, sólo lo porta. También él está sujeto a la ley como todo ser humano. Pasa a poder ser el padre simbólico.” Este tercer tiempo introduce el juicio discriminante: “esto no, esto sí”. Si se llega a este tercer tiempo (cuestión no asegurada), que implica la superación del narcisismo, el sujeto acepta que el otro no sólo le de a él sino también a un tercero. Se es deseado aún cuando no sea el único. “Nadie es el que puede colmar totalmente al otro. El sujeto y los otros ya no son algo en sí sino posiciones frente a los demás: si la madre no es una pareja sexual en sí sino un ser que puede ocupar esta posición, también existen otras mujeres que pueden hacerlo. Que el padre posea a la madre como pareja sexual no excluye que el hijo varón pueda tener la suya.”(10).

Tal como decíamos: “El pasaje de una lógica de exclusión a una de conjunción -yo y el tercero- no es una mera cuestión de evolución garantizada por el paso del tiempo.”(11) Exige la renuncia de sentirse el único o la única, superior al resto, de tener garantizada la mirada deseante y aprobadora del otro. Una renuncia que aportará la libertad de ser lo que uno es y la opción de dar los pasos necesarios para conseguir lo que uno necesita y desea sin que ello tenga que ser “la ostia” y que, por lo tanto, pueda obtener satisfacciones parciales, concretas y limitadas. Sin esta renuncia, sin este quiebre del narcisismo, es imposible la calma y poder valorar y disfrutar lo que hay.

Es decir, todos somos narcisistas y este narcisismo regula todas nuestras interacciones, la diferencia está en el grado de libertad que cada uno pueda ir adquiriendo de existir alejado del ideal. Por ello hablaré de TNP para diferenciarlo del narcisismo constitucional de la vida psíquica.

Para poder desarrollarse de forma saludable el bebé necesita de una buena relación con la madre y de una suficiente intervención de la función paterna. Bión describe la buena madre como aquella que es capaz de tolerar las proyecciones que el bebé le hace de sus partes angustiantes y sus pulsiones agresivas, y de devolvérselas de forma que él las pueda ir integrando. Es necesario que la madre, o quien ejerza esta función, sepa relacionarse con él de forma empática. Que pueda facilitarle la simbiosis nutritiva para ambos a la vez que pueda verlo como un ser diferente, no sólo como una prolongación de si misma, y que por lo tanto puede también frustrarla a ella. El bebé, el niño, necesita ser querido y reconocido por ser quién es, con sus capacidades y sus carencias, y no por lo que a sus padres les gustaría que fuera para alimentar su propio narcisismo.
TRASTORNO NARCISISTA DE PERSONALIDAD

En cuanto a la etiología de los TNP, entre otros factores, casi todos los autores coinciden en destacar un TNP en ambos padres o en alguno de los dos. Por supuesto, ello implica una gran dificultad para relacionarse emocionalmente con el hijo o la hija. Vemos que hay mayor incidencia cuando la narcisista es la madre.

Vayamos ahora a la descripción que nos da del Trastorno Narcisista de la Personalidad el DSM-IV:
“Un patrón general de grandiosidad (en la imaginación o en el comportamiento), una necesidad de admiración y una falta de empatía, que empieza al principio de la edad adulta y que se dan en diversos contextos como lo indican cinco (o más) de los siguientes items:
1- tienen un grandioso sentido de autoimportancia (p.ej., exagera los logros y capacidades, espera ser reconocido como superior, sin unos logros proporcionados)
2- está preocupado por fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantez, belleza o amor imaginarios
3- cree que es “especial” y único y que sólo puede ser comprendido por, o sólo puede
relacionarse con personas (o instituciones) que son especiales o de alto status
4- exige una admiración excesiva
5- es muy pretencioso, por ejemplo, expectativas irrazonables de recibir un trato de favor especial o de que se cumplan automáticamente sus expectativas
6- es inter-personalmente explotador, por ejemplo, saca provecho de los demás para alcanzar sus propias metas
7- carece de empatía: es reacio a reconocer o identificarse con los sentimientos y necesidades de los demás
8- presenta comportamientos o actitudes arrogantes o soberbios”

Aporto esta referencia por ser aquella con la que nos podemos comunicar entre profesionales. Sin embargo, al ser una definición fenomenológica y no estructural excluye otra sintomatología en cuya base está el TNP como por ejemplo la melancolía, algunas depresiones, la paranoia, la hipocondría, el trastorno afectivo bipolar o algunas fobias.(12)

En esta versión (la IV) se excluye también lo que sí estaba en la III-R: “hipersensibilidad a la evaluación de los demás.”, que es sumamente importante, dado que las personas con TNP han sufrido una falla en la integración de sí, de la conciencia interna. Están por decirlo de algún modo, más alejados de sí mismos que los neuróticos y menos que los psicóticos. El TNP es una defensa desesperada al miedo a la desintegración que les supone realizar el necesario reajuste de esta imagen grandiosa para poder interactuar con los otros como iguales y con la realidad como tal, con sus límites y sus leyes.

A esta descripción del DSM habría que añadir otros rasgos fundamentales:
Son sujetos, que además de todo lo anterior, en que destaca una grave perturbación de su autorepresentación, experimentan sentimientos crónicos de aburrimiento, inquietud y hastío cuando no consiguen brillar ni ser admirados. Tiene pocos motivos para disfrutar de la vida fuera de las actividades narcisistas que ejercen. Con su funcionamiento mantienen un gran vacío interno y una inquietanteincertidumbre íntima acerca de su identidad. Evitan su envidia mediante la devaluación, la omnipotencia y el control de los otros. Tienen gran temor a depender, de lo que se defienden haciendo depender a quienes les rodean mediante relaciones de explotación.

Y, por último, repito la característica esencial de que son incapaces de sentir(13). Incapaces de sentirtristeza, necesidad, vulnerabilidad…, esta calidad de emociones es totalmente amenazante para ellos. Sea por que, tal como resalta Albert Rams(14) el o la narcisista ha quedado atrapada en la imagen gloriosa que su madre le vendió para beneficio de su propio narcisismo, o bien sea por déficits narcisistas o portraumas importantes tempranos frente a los que el niño/a se ha defendido a través de la omnipotencia, el o la narcisista debe en todo momento evitar pasar de esta imagen grandiosa a la imagen desinflada y totalmente rechazada del otro polo. Éste, a pesar de ser escindido, siempre amenaza dado que cualquier grieta en esa autoimagen inflada le hace perder todo el aire. Su autoimagen no permite diferentes formas, no es flexible, “o todo o nada”.
RELACIÓN TERAPÉUTICA

“No puede el sujeto conocerse y reconocerse verdaderamente a si mismo, si no es a través del conocimiento y reconocimiento del otro.” (15)

Perls, con la importancia que le dio a la autorregulación organísmica, destronó el valor del nivel mental dándole importancia al reconocimiento sensorial y emocional de la experiencia. Con ello facilitaba al paciente acercarse a la experiencia directa de contacto -que requiere de la capacidad de diferenciarse y distanciarse- para deshacer los prejuicios y las ideaciones sobre la realidad que él situaba en la zona intermedia de los posibles campos del darse cuenta. Esta orientación a la experiencia directa es la que facilita resquebrajar o poner en cuestión la autoimagen y atravesar la angustia que ello supone. Poco a poco, el paciente puede ir reconociéndose a sí mismo y a su realidad más allá de sus concepciones; además de incrementar la posibilidad de saborear vivencias de satisfacción no sólo narcisistas sino más orgánicas. El acceso al mundo sensorial, orgánico, que subyace a nuestras concepciones sobre la experiencia es posible y relativamente fácil cuando el mecanismo psicológico de la escisión no es demasiado abundante y el nivel de autointegración del sujeto es suficiente como para tolerar la angustia de la desintegración que en el T.N.P. es masiva. Tener en cuenta la estructura de personalidad de los pacientes con TNP nos permite trabajar mejor desde la Gestalt. Ésta, por la importancia que da a la experienciación y a la transparencia del terapeuta, sobre todo de su sentir en relación al paciente, me parece un excelente abordaje para los trastornos narcisistas de personalidad. En estos casos, el uso de la transparencia ha de ser con la limpieza y el tiento necesario para que una intervención que podría ser potente en el momento oportuno, no contribuya sólo a incrementar la actitud defensiva del paciente.

Este tipo de pacientes pueden presentar, y en general presentan, un adecuado ajuste con el medio circundante. Será una pérdida importante o bien un fracaso (que es vivido como una pérdida) lo que les hará entrar en crisis. Otras veces es la sensación de angustia difusa, poco ligada a representaciones, una depresión vacía o bien una alto nivel de ansiedad o estrés lo que les lleva a la consulta.

Una de las mayores dificultades que nos encontramos al trabajar con ellos es su incapacidad para establecer una relación profunda con el otro y, por lo tanto, con el terapeuta. “Superficialmente parecen dispuestos ayudar, pues saben como deben actuar, pero siguen las reglas sin comprometerse realmente en ninguna relación: son individuos aislados y profundamente solitarios. En su caso, la terapia (que suele prolongarse durante un número excesivo de años) se convierte en una situación en la que el terapeuta actúa a modo de “asalariado”, una fuente inagotable de consejo moral ante cualquier decisión, alguien a quien se puede visitar cada vez que se necesite guía.”(16). Una de mis pacientes, en las ocasiones en que más se acercaba a su parte más débil, necesitada y dependiente, que en general coincidía con cuando sentía más afecto por mi, me llamaba “Sra. psicóloga” con tono irónico para deflectar el sentimiento. Lo más importante dentro de su proceso de cura fue revivir el sentimiento de abandono.

En general, tardan bastante tiempo en entrar en lo que estamos más acostumbrados con los neuróticos,en lo que llamamos proceso terapéutico: cuando el paciente está realmente interesado en descubrirse, más allá del uso de mecanismos defensivos automáticos que van siendo concienciados. Es típico, por ejemplo, que a cada cosa que digan miren al terapeuta para confirmar la validez de lo que han dicho sin estar para nada interesados en mirar en su interior para confirmarlo ellos mismos en función de su reacción interna. O también que se pasen mucho tiempo mostrando sólo aquello que aprenden como una forma de conseguir la aprobación y admiración del terapeuta.
¿Qué es esto del mundo interno? ¿Existe? Y si existe: ¡Qué amenaza!

Los mecanismos defensivos usados por esta estructura de personalidad son: la disociación, la negación, la identificación proyectiva, la omnipotencia y la idealización. De entre ellos voy a destacar la escisión y la identificación proyectiva. Ambos mecanismos fueron profundizados por Melania Klein. Según ella, el bebé escinde sus vivencias en placenteras y frustrantes. Intenta desembarazarse de las frustrantes, proyectando la frustración en lo que Klein llama el “pecho malo” y las placenteras en el “pecho bueno”, escindiendo también el objeto externo. Introyecta el pecho bueno a la vez que proyecta su impulso agresivo en el pecho malo y como consecuencia se siente perseguido por este último (posición esquizo-paranoide). La posición depresiva aparece cuando el bebé puede identificar que el pecho es uno. Ya no puede desembarazarse de las vivencias de frustración y teme, entonces, la pérdida del “pecho bueno” por sus impulsos de destrucción hacia el “pecho malo”.

En la neurosis histérica y obsesiva también hablamos de escisión de partes o aspectos de uno, sin embargo, el mecanismo usado por la neurosis tiene que ver más con la represión. Podemos decir que en la represión es más fácil encontrar la vía de darse cuenta que cuando está instaurado masivamente el mecanismo de la escisión. En aquella es posible acceder a estos contenidos mediante el seguimiento experiencial y la asociación de ideas. La escisión, sin embargo, tiene un carácter más rígido e inmóvil, su instauración y mantenimiento van acompañados de pobreza de representaciones mentales, que dificultan la libre circulación de las mismas, y de evitaciones intensas inconscientes que incapacitan para dejarse llevar por la vivencia interna. Hallamos un ejemplo de ello en el trastorno afectivo bipolar, en el cual subyace un TNP: el depresivo pierde el recuerdo del maníaco y el maníaco está interesadísimo en mantener alejado al depresivo, al cual teme. Hacer presente al ausente una y otra vez, con la típica propuesta de la silla vacía gestáltica o simplemente recordándolo, es un excelente trabajo de base para este tipo de trastorno.

En la identificación proyectiva, a diferencia de la proyección, el sujeto permanece ligado a los aspectos proyectados como una forma de controlar al objeto externo. Una paciente con un grado importante de TNP, con narcisismo destructor, y con rasgos de personalidad limítrofe, por momentos estaba convencida de que yo no quería que ella se curara. Era muy difícil que pudiera identificar cómo estaba proyectando en mí a su, después nombrada por ella misma, “bruja controladora”. El grado de angustia que despierta la reapropiación de los aspectos proyectados, facilita volver a escindir, en este caso a la “bruja”. Con el tiempo, la relacionaba sólo con su madre sin asumir en absoluto que es una parte suya -controladora y muy agresiva- que ella introyectó de su madre y que es ella quien la alimenta y mantiene poderosa. Aún ahora no puede escuchar ni reconocer plenamente que es una parte suya, entra en pánico al pensar que si esta parte también es ella no tiene curación posible. Aún tiene la fantasía de que podría desaparecer sin renunciar al sostén neurótico que esta parte supone para ella.

Los pacientes con TNP no han tenido, en su infancia, la escucha o la acogida de sí mismos necesaria para un desarrollo saludable. No se les veía a ellos, sólo eran mirados como objetos narcisizantes de la madre o de los padres. Han sido valorados por aspectos muy parciales, a veces incluso irreales, o simplemente han sido desvalorados por no ser como los padres esperaban que fueran. Como dije están muy lejos de poderse asentar en sí mismos y usan continuamente los mecanismos defensivos que les aseguran el mantenimiento del alejamiento de sí. Otra paciente maníaco-depresiva pasó más de dos años muy temerosa frente a su vivencia interna llamando “el inconsciente” (como si fuera “el coco”) a sus emociones e impulsos. Literalmente le aterraba sentir. No es hasta ahora, después de cuatro años de tratamiento, que puede empezar a dejarse sentir algo sin orientarse de inmediato a resolverlo o a expulsarlo por no tener solución (según su estrecha percepción de los procesos internos). Es por ello que muchos autores coinciden en que es imprescindible, sobre todo al inicio, y también a lo largo del proceso, una buena dosis de escucha empática(17).

Son pacientes que provocan fuertes sentimientos de impotencia al terapeuta, junto con intensos sentimientos de omnipotencia, con dosis de “furor curandi” que se pueden ver frustrados al paso siguiente. Contra-transferencialmente, estos pacientes despiertan en nosotros, los y las terapeutas, los asuntos no resueltos con nuestro propio narcisismo. Tuve un paciente con grandes déficits en su desarrollo por crecer en el seno de una familia muy conflictiva que se defendió despreciándolos enormemente y engrandeciendo la imagen de sí mismo. Fue un avance significativo cuando pudo identificar lo que nombraba como “un gran amor propio”. Con mucha facilidad se sentía atacado y no comprendido. A causa de mi no identificación de mi propio narcisismo yo estaba empeñada en que desmontara esta imagen grandiosa de sí, que evidentemente le hacía sufrir. Mientras yo seguía en este empeño le facilitaba a él la competitividad conmigo, lo que algunos llaman transferencia complementaria, en detrimento de facilitarle deshacerse en su necesidad de amparo.

Por la experiencia que tengo en este tipo de pacientes, compruebo que el trabajo con la meditación les proporciona una buena base de autosustento sobre la cual poder tolerar las grietas a la autoimagen inflada. Por supuesto, en el inicio y durante mucho tiempo, lo que buscan es la iluminación como una forma de regresar a este estado paradisíaco donde no hay dolor ni sufrimiento, como la mayoría de nosotros. Buscan una forma de salvarse de interactuar en este terreno mundano, que no está a su altura, y que comporta pérdidas además de ganancias. Que supone la pérdida de los privilegios concomitantes a ser ideales. Sin embargo, la persistencia en dicha práctica les aporta espacio interno para no entrar en la espiral ansiosa que se les desata con tanta facilidad cuando su ideal es cuestionado.

Otra vía interesante de abordaje es el trabajo corporal y la atención sensorial, propia del enfoque gestáltico, siempre que tengamos la paciencia necesaria para tolerar que, en algunos casos, durante mucho tiempo, esta focalización no aporte ni la movilización ni el material interesante que aparece cuando el paciente tiene una estructura neurótica, aunque sea obsesiva. En otros casos, este tipo de trabajo puede despertar un alto nivel de imaginería que es usado para seguir alejándose de su experiencia sensorial. Aún así, la persistencia en el trabajo corporal y sensorial también abre, de forma clara, vías de acercamiento a la vivencia interna.

Destaco como fundamental en el tratamiento de estos pacientes que el terapeuta haya trabajado y transitado su propio narcisismo y tenga un buen conocimiento de la estructura del TNP para tener la empatía y la distancia suficiente para:
Tolerar las proyecciones y devolviéndoselas una vez transformadas. Lo cual implica contenerlas y devolverlas en el momento oportuno.
Tolerar la frustración que nos supone sobre todo a los gestaltistas los límites que ellos ponen a la relación íntima, sin sentirnos rechazados/as.
– A la vez que contener el alto grado de angustia, ansiedad y sufrimiento en el que pueden entrar sin hacer de“teta tapa bocas”. Sin intentar evitarles la depresión, la caída y la desesperación, confiando en la capacidad que sí tienen y que van desarrollando de autosostenerse.

Dado el poco compromiso que suelen tener consigo mismos, me parece oportuno el establecimiento de un contrato claro que les facilite acudir a sesión tanto si están maníacos como deprimidos y que no puedan simplemente desaparecer cuando se sientan amenazados por la intimidad y la dependencia que están sintiendo en el vínculo terapéutico.

Se trata de acompañarles en el desmantelamiento de su autoimagen grandiosa a la vez que les facilitamos la expresión y la aceptación de la misma. La aceptación de la necesidad de grandiosidad, jugar con ella sin intentar hacerla desaparecer -principio gestáltico de la paradoja del cambio-, es lo que abre la posibilidad de poder distanciarse y reírse de ella. El humor me parece un buen un modo de acompañarles al no saber y al vacío necesario para poder, también no ser, para mí la esencia de poder vivir en paz con uno y con el mundo.

Creo que se trata de acompañarles, en definitiva, a reconocerse como seres humanos limitados, carentes y emocionales, como todos. Características necesarias para dolerse y nutrirse en las interacciones con los demás, y para poder disfrutar de la vida que es. Como terapeutas gestálticos tenemos el valioso aprendizaje de usarnos a nosotros mismos, también como seres limitados y emocionales, para facilitarles, a ellos, progresivos encuentros consigo mismo. Tal como ya he dicho, el uso de nuestro sentir será tanto más terapéutico en la medida en que nosotros sigamos atentos a nuestro propio narcisismo. Como creo que hemos podido comprobar, todos somos narcisistas y el deseo omnipotente de ser… -por ejemplo, el salvador o salvadora del otro- sigue ahí, detrás de muchas esquinas.


Cristina Nadal
 (2004)

(1) Escrito elaborado a partir de la conferencia que con el mismo título di en Marzo del 2003 en “Aula Gestalt”. Barcelona.

(2) E4, para los que conozcan la tipología de 9 caracteres llamada Eneatipo o Protoanálisis.
(3) José Luis Trechera: ¿Qué es el narcisismo? Bilbao. Desclée de Brouwer S.A., 1996, pp.39.

(4) Padro Guillem Nacher: Fundamentos narcisistas y espejos rotos. Valencia, Promolibro, 1996, pp.24.
(5) Idem. Pag. 25.
(6) José Luis Trechera: ¿Qué es el narcisismo?, Bilbao, Desclée de Brouwer S.A., 1996, pp35.
(7) Edward C. Whitmont: El retorno de la Diosa. Barcelona, Argos Vergara, 1984.
(8) Los entrecomillados que se encuentran dentro de estas tres fases, a no ser que tengan otra referencia, son copiados de los apuntes que tomé en las clases de psicoanálisis que Javier Arenas impartió en Barcelona en 1998-99.
(9) Hugo Bleichmar: El Narcisismo. Estudio sobre la enunciación y la gramática inconsciente. Buenos Aires, Nueva Visisón, 5ªE, 1988, pp.13

(10) Idem., pp. 13.
(11) Idem., pp. 13
(12) La obra citada de Bleichmar es la que mejor me ha ayudado a entender el TNP que subyace en las patologías mencionadas en este párrafo.
(13) Alexander Lowen: Narcisismo o la negación de nuestro verdadero ser. México D.F., Pax México, 1987.
(14) Albert Rams: Clínica Gestáltica. Metáforas de Viaje. Vitoria , “La LLave”, 2001 pp 60.
(15) José Luis Trechera, 1996. Pag. 37
(16) Rollo May: La necesidad del mito”, Barcelona, Paidos, 1992, pp. 105.
(17) Gary Yontef: Proceso y Diálogo en psicoterapia gestáltica. Capítulo 14: Tratamiento de personas con alteraciones del carácter. Chile, Cuatro Vientos, 1995, pp.413.

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